PEYOTE
La primera referencia histórica sobre el consumo del peyote ( Lophophora williamsii ) aparece en el siglo XV de la pluma de Fray Bernardino de Sahagún, que nos cuenta como este cactus, bajo el nombre de peiotl, era utilizado por los Aztecas desde al menos 1000 años atrás.
La primera descripción completa del cactus fue hecha por Francisco Hernández, quien, como médico personal del rey Felipe II fue a estudiar medicina azteca. En su estudio etnobotánico de Nueva España el doctor Hernández describió así el peyotl, como era llamada la planta en el lenguaje Nahuatl de los aztecas: "La raiz es más o menos mediana, sin sujetar ramas u hojas por encima de la tierra, pero con cierto lanaje adherido de manera que es difícil de imaginar. Hombres y mujeres dicen que les hace daño. Parece que tiene un sabor dulce y ligeramente picante. En forma de polvo se dice que alivia el dolor de las articulaciones. Se atribuyen maravillosas propiedades a esta raiz si es posible tener fe en lo que se dice entre ellos sobre esto. Aquellos que lo toman pueden predecir cosas."
Durante la última década del siglo XIX, el explorador Carl Humboltz estudió el uso del peyote entre los indios de Sierra Madre Occidental, principalmente huicholes y tarahumara. Humboltz, hizo un trabajo pionero entre los indios chiguagua, sugirió que el culto peyotero es mucho más viejo. Mostró que un símbolo utilizado en las ceremonias indias tarahumara apareció en antiguos relieves rituales preservados en rocas volcánicas mesoamericanas. Más recientemente los descubrimientos arqueológicos en cuevas secas y refugios de piedra en Texas han sacado a la luz especímenes del peyote. Estos especímenes, encontrados en un contexto que sugiere un uso ceremonial, indica que su uso tiene más de tres mil años.
Pero no es hasta a segunda mitad del siglo XX que aparecen los primeros estudios bien documentados sobre el consumo del peyote, por parte de bastantes antropólogos que se interesaron activamente en el uso, su significado y las ceremonias rituales que llevaban a cabo sus devotos. En sus crónicas explican con detalle como los Huicholes realizaban una peregrinación anual en busca del cactus sagrado, y de como durante el camino realizaban una serie de rituales encaminados a conseguir una purificación previa a la adquisición del cactus, bajo la supervisión del chamán o marakamé. Entre estos ritos, como muy significativos, tendríamos la exposición pública de los pecados y la abstinencia sexual.
Actualmente, se realizan ceremonias por diversas tribus de Estados Unidos y Canadá. Entre los primeros tendríamos a los Kiowa, los Comanche, y muchas otras tribus que habitan la amplia región que se extiende desde el sur de Texas, región de río Grande, hasta la alta meseta del norte de México; todo el territorio que se le conoce como el nombre de desierto de Chihuahua. La ceremonia se realiza alrededor de un gran fuego. Los asistentes formando un gran círculo, mastican y tragan el cactus en una reunión que dura toda la noche y en la que se encuentran bajo los efectos visionarios del peyote, descritos por James Mooney en 1891 como la sensación de " arabescos vivientes", según su experiencia personal, haciendo referencia a la gran profusión de formas y colores, producidos, según él, por el incremento de la sensibilidad de todos los sentidos pero especialmente los visuales, que Mooney definió como " hiperestesia visual". Muchos años despues, ya en 1950 el escritor Aldous Huxley define a la mescalina (principal alcaloide del peyote), como magnificadora de la realidad, con capacidad de dotar de belleza los objetos cotidianos.
Con la finalidad de proteger la libertad de religión, en 1885, se fundó la Iglesia Americana Nativa, cuya base religiosa, es un sincretismo resultado de la fusión entre las creencias cristianas y las nativas sustentadas en el culto al peyote. Sus ceremonias son muy abundantes y en todas ellas, aunque difieran de un lugar a otro, tienen en común el considerar a esta planta como el elemento de unión entre Dios y el Hombre. El peyote se ha definido en este sentido como la puerta que permitiría romper con la materia y la racionalidad para elevar la conciencia a un estado que permita la unión con la divinidad. Desde otro punto de vista, también se contempla como una manera de conseguir la curación de las enfermedades, como la medicina que puede mostrar al hombre las causas que produjeron la enfermedad.
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