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El cacto San Pedro (Trichocereus pachanoi, T. peruvianus) es una de las plantas enteógenas con más uso ancestral de América del Sur. La prueba más antigua se remonta al año 1300 a.C., es una talla de piedra que se encuentra en un templo de la cultura chavin, en el norte de Perú. Casi tan antiguos son los textiles que representan al cacto con figuras de colibrí y de jaguar. Algunas piezas de cerámica del noroeste Argentino de los años 100 a 700 a.C. muestran la planta relacionada con el venado y otras, varios siglos después muestran al cacto y al jaguar con espirales estilizadas que ilustran las experiencias visionarias que la planta induce.
Cuando los conquistadores españoles llegaron a América el uso del San Pedro estaba muy extendido. Un escrito eclesiástico decía que los chamanes “tomaban una bebida llamada achuma, un agua que preparan con la savia de unos cactos delgados y lisos y “como es muy fuerte, después de tomarla pierden el juicio y quedan privados de los sentidos, tienen visiones en las que se les aparece el diablo”.
El uso actual del cacto de San Pedro en Suramerica ha recibido una fuerte influencia cristiana que aparece incluso en el nombre de la planta que posiblemente se originó en la creencia cristiana de que San Pedro custodia las llaves del cielo. Sin embargo, el contexto global del ritual de orientación lunar que circunscribe su uso, indica que se forma de una verdadera amalgama de elementos cristianos y paganos.
Hoy en día, el San Pedro se emplea para curar enfermedades, incluyendo el alcoholismo y las neurosis, para adivinaciones, para combatir cualquier tipo de hechicería y para asegurar éxito en empresas personales.
Los brujos distinguen cuatro “tipos” de cactos a partir del número de costillas que tiene, los más raros son aquellos que tiene cuatro, y se les considera como los más potentes; poseen poderes sobrenaturales muy especiales ya que las cuatro costillas representa los “cuatro vientos” y los “cuatro caminos”. El cacto se conoce como San Pedro o huachuma en todo el Norte argentino, zona norte de los Andes, en Bolivia se la llama achuma, la palabra boliviana chumarse (emborracharse) deriva de achuma Aguacolla y gigantón son sus nombres ecuatorianos.
Normalmente los tallos del cacto se cortan en rebanadas, y se hierven en agua durante más de siete horas. El San Pedro puede tomarse solo, pero con frecuencia se le agregan otras plantas hervidas por separado, entonces la bebida se llama cimora. Entre las plantas que se usan como aditivos están: el cacto andino (Neoraimodia macrostibas) una especie de la amarantácea y las campanillas. También es usual que se agregue Brugmansia (chamico) como potente alucinógeno.
Los estudios recientes señalan la gran importancia de los aditivos vegetales, una investigación que merece mayor atención. Hay ocasiones en que la magia requiere de otros aditivos, entonces, para asegurar la eficacia de la bebida, se utilizan huesos molidos y polvo de cementerio. Como declaró un observador: el San Pedro es “el catalizador que activa todo el complejo de fuerzas que trabajan en una sesión curativa, especialmente los poderes visionarios y oraculares del chamán, quien puede adueñarse de la identidad de otro hombre. La magia del San Pedro puede ir más allá de la curación y la adivinación, se cree que cuida las casas como un perro, mediante un chiflido aterrador obliga a los intrusos a salir horrorizados.
Un brujo describe los principales efectos de Trichocereus pachanoi “la droga primero produce somnolencia o un estado de sueño y una sensación de letargo, un ligero vértigo y después una gran visión, un esclarecimiento de todas las facultades”. Entonces sobrevienen una separación, una especie de fuerza visual, incluso de todos los sentidos aun del sexto sentido, la sensación telepática de proyectarse a través del tiempo y la materia, algo así como desplazar los propios pensamientos hace a una dimensión lejana”.
Durante el ritual, los participantes están “liberados de la materia” y se inician en un vuelo a través de las regiones cósmicas. Es muy posible que la siguiente descripción hecha por un oficial español en el siglo XVI, se refiera a chamanes que utilizaban el San Pedro: “ Entre los indios había otra clase de magos, tolerados hasta cierto punto por los demás. Estos brujos toman la forma que quieren y recorren en el aire grandes distancias en poco tiempo; ven loa que está pasando, hablan con el diablo quien les contesta con ciertas piedras o con otros objetos que ellos veneran”. El vuelo estático y mágico es aún característico en la ceremonia contemporánea del San Pedro: “El San Pedro es un auxiliar que se usa para brindar docilidad y placer al espíritu. Uno se transporta en forma rápida y segura a través del tiempo, la materia y la distancia.
El chamán puede tomar la droga, dársela exclusivamente al paciente o bien tomarla junto con él. El objetivo del chamán en su ritual curativo es hacer que su paciente “florezca” durante la ceremonia nocturna, hacer que su subconsciente se "abra como una flor”, como el cactus que florece de noche. A veces, los pacientes permanecen en estado de contemplación y calma, otras veces empiezan a bailar e incluso se arrojan al suelo convulsivamente.
Como sucede con otras plantas enteógenas, esta es una planta que los dioses dieron al hombre para ayudarle a experimentar el “éxtasis –liberación del alma” en una forma tenue, simple y casi instantánea.
El alcaloide principal del San Pedro es la mescalina (1), responsables de los efectos enteógenos.
(1) la mescalina también es el alcaloide principal del peyote. |